Es tarde en la noche. Te despiertas escuchando gritos a la distancia. Todo está oscuro y confuso. Te levantas de la cama y pones los pies en el piso. Sientes agua fría y pantanosa fluyendo por entre los dedos, subiéndote hasta los tobillos. No lo habías notado, pero afuera suena el río Cauca fluyendo. Se escucha muchísimo más cerca de lo normal. Antes de entender lo que está pasando, el agua ya te llega hasta la cintura. Te apuras a salir de tu casa entre el agua enlodada, sin tiempo de pensar, salvando de la corriente todo lo que puedas y sea importante para ti.

Cuando el caos se asienta y llega la mañana, entiendes mejor lo sucedido. Hay camas, muebles y electrodomésticos en las partes elevadas de las calles, donde la corriente no alcanzó a llegar o donde el nivel del agua ya había descendido. Escuchas las historias de tus vecinos que tuvieron tiempo de salvar a sus hijos pequeños y nada más. Casas que, a pesar de haber bajado el nivel del agua, siguen inundadas hasta la mitad de su altura. Historias como pesadillas, de incertidumbre y de pérdidas.

Estación de ferrocarril de Bolombolo luego de la inundación del 13 de abril de 2025

Parece que no hay personas desaparecidas o fallecidas. Esto te da un poco más de tranquilidad, por lo que sea que valga en este momento. Ya no queda de otra que ponerte a la tarea de rescatar lo que más puedas y sacar el lodo y el agua de tu casa, hasta donde su nivel permita. Tus vecinos se ven cansados, trasnochados y desconcertados. También se ve una especie de calma. Podría ser resignación, o algún tipo de ecuanimidad. Se nota la fortaleza de las personas, por más cabizbajos que estén, y se despierta un sentido de solidaridad por las personas a tu alrededor.

Comienza la tarea de limpieza y recuperación. Las personas se juntan y se equipan para limpiar las calles, las casas y los comercios. Es una escena inusual. Canoas circulan por cuadras aún inundadas. Lodo fino y compacto cubre el suelo donde el nivel del agua ya ha bajado. Aún hay familias en los parques esperando a que el río se termine de ir de sus casas. Niños juegan en las calles inundadas como si fuera piscina, y otros aún más pequeños ayudan con sus baldes a sacar agua de sus casas. Quizás lo peor ya pasó, y la vida continúa.


Camilo Mazo

Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.

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