“Mire hacia donde quiere ir y hágale sin parar”, ese era su consejo. Estábamos subiendo en moto por un camino de piedras en Jericó, y cada vez se hacía más arduo el trayecto.

Le agradecí. Extrañamente, él estaba detrás de mí, a pesar de ir más preparado y de haber tenido amplio espacio para adelantarme. Él llevaba un traje de motocross completo, que hacía juego con su motocicleta. Yo iba en jeans, cámara colgada al pecho y unos escasos meses de haber sacado la licencia de conducción de moto. Aun así, él esperaba pacientemente que yo pasara primero, como para tener un primer plano de lo que fuera a suceder.

Montaña rocosa en el campo de Jericó
Viejo puente en el camino de trocha

Un par de minutos antes, mientras tomaba fotos en el borde de la trocha, el mismo motocrosista se detuvo a mi lado y me preguntó: “¿Por aquí han pasado un grupo de motos?”

Sí, habían pasado. Era su grupo de motocrosistas. Mientras yo iba despacio tratando de mantener el equilibrio, ellos derrapaban, se deslizaban y me pasaban a toda velocidad subiendo la trocha solo para divertirse más.

En la trocha, había un tramo con un hueco impasable a la derecha y un angosto espacio de rocas a la izquierda con una subida abrupta. Mire hacia donde quiera ir y hágale sin parar. Tratando de seguir su consejo, respiré profundo y crucé lo mejor que pude. Me prometí regresar si encontraba otro obstáculo igual de difícil; hoy no era el día para ese nivel de aventura.

Solo un par de metros adelante, una moto más grande, de los claramente más preparados motocrosistas, derrapó en un tramo de rocas y cayó al suelo. Acto seguido, tres de sus compañeros fueron a ayudarlo, levantando la moto entre todos. El motocrosista que me había aconsejado, todavía detrás de mí, detuvo su moto y fue a observar lo sucedido. Afortunadamente, el conductor parecía estar bien.

Presenciar esto fue una clara señal para invocar la promesa que había hecho unos metros atrás. Giré mi moto y me fui de regreso.

Motocrosistas levantando una moto
Moto de aventura en la trocha de Jericó

No había logrado mi destino el día de hoy, pues el camino superaba mis habilidades. Hice una nota mental de regresar cuando me sintiera preparado. Mientras bajaba por la misma vía, comenzaron a subir un grupo de buggies, a toda velocidad y con música a todo volumen. Claramente iban en un plan distinto al mío. ¿Cómo cruzarían los mismos obstáculos que el grupo de motos había tenido dificultad en pasar? Me habría gustado verlo.

Mire hacia donde quiera ir y hágale sin parar.

Buggies subiendo a toda velocidad
Cruce natural de animales

Camilo Mazo

Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.

Esta pagina es apoyada 100% por la venta de libros.