Marzo 7, 2026 — Día 2 — Marsella a Viterbo (171 km)
Llegué a las afueras de Viterbo, a un campamento llamado Las Palmeras. El camino había transcurrido con solo una novedad: había tomado la salida hacia Pereira por error, lo que me obligó a devolverme y perder 40 minutos. Aun así, la distancia de hoy era corta y tenía más que tiempo suficiente.
En Las Palmeras me indicaron dónde podía montar mi tienda de acampar, a unos 40 metros del río Risaralda.
Quería ensayar todo mi equipamiento de camping. Había recorrido casi todo Medellín, durante varias semanas y múltiples veces, para encontrarlo.
Primero puse una lona de tela sintética de Dollarcity. Armé mi carpa de dos personas de Decathlon. Saqué las lámparas y el fogón comprado en Tau, en el centro de Medellín. Me ayudé con algunas herramientas que conseguí en Homecenter y Éxito. Cubrí la moto con un protector de La Bayadera.
Cuando terminé con los preparativos, tuve que ir al río para meterme y refrescarme.
Al momento de prender el fogoncito de gas butano de un puesto, se me acerca un señor:
—¡Buenas! ¿Quiere carne? Hicimos un asado pero hicimos demasiada carne.
Me invitó al espacio donde estaba con su esposa. Me dieron carne asada con papas y arroz, también algo de pan, y hasta una bolsa de leche (“para el cafecito de mañana”).
Me preguntaron hacia adónde iba.
—Primero a Pasto, y quizás después a Ecuador.
Pensé que decirles que iba con destino a Buenos Aires, apenas comenzando el viaje, me haría sonar demasiado loco.
—¡De eso se trata la vida! —me dijo el señor, cuyo nombre olvidé.
—Hay que trabajar un poco y luego vivir la vida, y luego trabajar otro poco. El sistema a uno lo quiere hacer bobo, para seguir trabajando y trabajando.
Asentía a lo que decía, mientras trataba de comer fútilmente la carne con una cuchara de plástico que me dieron.
—¿Y después de Ecuador para dónde va? —me preguntó.
—Llego a Quito y ahí veo.
Cuando se fueron, volví a mi tienda a terminar de comer la carne, esta vez con tenedor y cuchillo de metal.
Ya es de noche y hace calor en mi tienda de acampar. Tengo que abrir la puerta y dejar entrar aire fresco, arriesgando que entren también los mosquitos.
Feliz noche desde las afueras de Viterbo,
Camilo M
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
Esta pagina es apoyada 100% por la venta de libros.