Marzo 13, 2026 — Día 8 — Pasto a Ibarra (241 km)
Todo cruce de frontera trae consigo una aventura. La frontera entre Colombia y Ecuador no es distinta.
El día comenzó temprano en Pasto. No sabía qué esperar del día de hoy, ni hasta dónde iba a poder llegar. Había escuchado reportes de paros y fronteras cerradas, pero la única forma de cruzar es intentándolo. Por esto, salí temprano y sin ningún plan establecido.
La vía de Pasto a Ipiales, la última población en Colombia antes de llegar a la frontera, fue rápida y panorámica. La mayor parte de la ruta fue una doble calzada, atravesando montañas y paisajes andinos. ¿Cómo le fue a la moto en estos cruces de montaña? Comenzó a encontrar su límite de velocidad y de potencia. Pero eso no es problema, al menos para mí. Antes de llegar a la frontera, tomé un rápido desvío para ver el Santuario de Las Lajas.
Solo cuando llegué a Rumichaca, la frontera con Ecuador, vi el paro en cuestión. Había unas vans bloqueando la vía, algunos hombres discutiendo. Despacio, en la moto, me fui acercando al bloqueo, sin afán, sin pretensiones. Uno de los hombres que bloqueaban la vía me dijo que pasara por un lado.
Despacio, fui pasando por el angosto paso que me habían indicado. Luego, más adelante, había un contenedor bloqueando casi la vía por completo, con un pequeño paso para personas. No sabía si iba a poder pasar, pero con la misma estrategia me fui acercando, despacio, sin ningún aire de nada. Uno de los hombres frente al paso del contenedor me dijo que pasara. Esta vez el paso era más angosto y tuve que ir muy despacio para no pegarle a la moto ni a las personas que seguían pasando. Con eso, parece que había sobrepasado el paro vehicular. Primer obstáculo, vencido.
Ahora seguía migración y aduanas. Paré en la primera oficina de aduanas que vi en la frontera. Se tomaron un momento para pedirme mis papeles. Cuando los vieron, me dijeron que estaba en la aduana equivocada. Tenía que ir a la aduana de Ecuador, no a la de Colombia.
Vale, está bien.
Antes de ir a la aduana de Ecuador, hice la salida en migración de Colombia. Supongo que era por el paro, pero todo estaba muy tranquilo en migración y en la frontera. Después de hacer la salida en migración en Colombia, fui a la migración ecuatoriana en la moto. En el parqueadero frente a migración había dos motos viajeras.
Eran dos ecuatorianos regresando de un viaje por Colombia. Me preguntaron el cilindraje de mi moto.
“150”, le dije a uno de ellos.
“¡Valiente!”, me dijo. Él iba en una BMW 1150, como si a los 1000 de la moto le hubieran sumado una ñapita de mi moto.
“Las Honda tienen repuestos en todas partes, eso es lo bueno”, añadió.
Estaba más enfocado en hacer todo el papeleo en migración que no tuve cabeza para decirle que no era Honda sino Suzuki.
Me dieron unos consejos de rutas y siguieron su camino. Luego de 45 minutos, había hecho la migración ecuatoriana y el permiso de entrada de la moto en aduana. Y así, ya estaba en Ecuador, libre para circular por 90 días.
Con un cruce exitoso de frontera, me sentía más liviano manejando por las vías de Ecuador. Siempre hay una energía detrás de entrar a un país nuevo, y la estaba sintiendo.
No importa que la “Honda” 150 también estuviera encontrando sus límites en las colinas ecuatorianas: iba a mi ritmo, por mi ruta planeada, y esta tarde en particular sentía que nada me podía parar.
¡Valentía!
Feliz noche desde Ibarra,
Camilo Mazo
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
Esta pagina es apoyada 100% por la venta de libros.