Marzo 21, 2026 — Día 16 — Piura a Chiclayo (212 km)
Dunas, arena y basura. Eso es lo que había en gran parte del trayecto hoy. ¿Por qué había tanta basura en la pista? “Pista”, así se le llama a la vía en Perú. Por donde vieras, solo había dunas y arena y basura. La vía era recta y estaba en buen estado. Eran las 9 a. m. y el clima estaba fresco.
Recordé a los motociclistas ecuatorianos que conocí en la frontera entre Colombia y Ecuador. Me dijeron que irme por la costa peruana sería aburrido. La vía es recta y el paisaje no cambia. Hasta el momento, no he encontrado esto para nada aburridor. Por el contrario, es como una especie de meditación. Una oportunidad para observar qué se cruza por la mente.
Cada hora más o menos busco hacer una pausa, sea para lo que sea y donde sea. En una estación de servicio, en un restaurante de carretera o debajo de la sombra de un árbol. Al cumplirse la hora, paré en un restaurante de carretera desolado. “¡Buenas!”, dije dentro del restaurante para ver si alguien aparecía. Desde detrás del salón, por una puerta, apareció un hombre alto y grande. Le pedí un café y me trajo una taza con agua caliente y un tarro de aluminio de café instantáneo. Afuera, llegaron en una moto con volco dos familias bien vestidas. ¿Para dónde iban? No sé, pero al salir los vi tratando de parar sin éxito un bus al borde de la carretera.
A las 12 p. m., ya estaba cerca de mi destino final. Hoy fue un día de menor kilometraje, algo que mi cuerpo agradece inmensamente. En Lambayeque hice una parada en el reconocido “Museo Tumbas Reales de Sipán”. El museo muestra el hallazgo arqueológico de 1987, donde, después de descubrir a varios huaqueros vendiendo piezas arqueológicas en la región de Chiclayo, se logró detener el robo y eventualmente descubrir la tumba del Señor de Sipán, un importante líder de la civilización mochica. Con el Señor de Sipán fueron enterradas cientos de piezas de oro y otros metales, cerámicas y ornamentos, además de otras personas y animales, como un guardia, tres mujeres, un niño, un perro y dos llamas. Todo esto en preparación para una siguiente vida. En la civilización mochica, la muerte no era vista como un final, sino como una transición hacia una existencia diferente.
Al llegar a Chiclayo, di una vuelta en la moto por la ciudad, esquivando el tráfico de motos, mototaxis, vanes y carros. En un semáforo, un señor me preguntó el cilindraje de la moto y luego me previno del tráfico en Perú. “Imprudentes” fue la palabra que usó para describirlo. “Mejor mantenerse a la derecha”, me recomendó, un consejo bastante sensato.
Feliz noche desde la región del Señor de Sipán,
Camilo Mazo.
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
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