Abril 7, 2026 — Día 33 — San Pedro de Atacama a Susques (382 km)
Argentina. Por fin, Argentina. Había llegado al último país en mi ruta de ida. Sería el país más lejano al cual llegaría en este viaje en moto, y era el que más soñaba en este momento.
La estadía en Chile se sintió como el trayecto hacia el paso de Jama, la frontera con Argentina: disfrutable, con paisajes hermosos y áridos, pero cuesta arriba. Fueron más de 2.000 metros ascendiendo por la cordillera de los Andes, cruzando los volcanes durmientes de Licancabur, Juriques y Cerro Toco, entre otros.
Soportando el frío en lo alto de los Andes, cruzando los paisajes áridos que llevaba más de dos semanas admirando, finalmente llegué a la frontera más lejana de Colombia que cruzaría en todo el viaje.
La frontera del paso de Jama, a unos 4.100 metros sobre el nivel del mar. Debo admitir que no le encuentro mucho significado a los metros de altitud. Como punto de referencia, Bogotá está a 2.640 metros sobre el nivel del mar. La Paz, Bolivia, está a 3.650 metros. ¿Qué significaba para mí esta altura en la frontera? Soportar el frío en la moto y tratar de no hacer mucho esfuerzo, pues era fácil quedarse sin aliento.
En el control de Jama, me sentí inmediatamente bienvenido a Argentina. Ya había visitado el país tres veces en el pasado y estaba feliz de volver. El proceso de cruzar la frontera fue tan sencillo como pasar por cuatro ventanillas, una al lado de la otra. Nada de comprar formularios en cafeterías ni desmontar todo el equipaje de la moto (aaay Chile…). Luego de 15 minutos, ya estaba en Argentina con todos mis papeles en orden.
Inmediatamente después del control, había una estación de gasolina. Aún con el susto de las distancias entre estaciones en Chile, revisé a cuánto estaría la siguiente: a más o menos unos 100 kilómetros, no 260 o 300 como en Chile. Gracias Argentina, bienvenida al combo de los que no nos gusta planear tanto las cosas.
Después de avanzar una hora más después del paso de Jama, llegué al pueblo de Susques, mi destino del día. Aquí no había mucho, excepto una pintoresca calle comercial, con un igualmente pintoresco hospedaje diagonal a la iglesia del pueblo.
Al entrar a una de las tiendas de barrio del pueblo (despensas, como se les llama aquí), me encontré con lo que parecía un trabajador del campo pidiendo que le cortaran un poco de jamón, un poco de queso y unos panes parecidos al baguette, para armarse ahí mismo unos apetitosos sándwiches.
No podía haberme sentido más en casa. Pedí que me cortaran lo mismo que al señor para prepararme también unos sándwiches en el hospedaje.
Feliz noche desde Argentina,
Camilo Mazo
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
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