Abril 8, 2026 — Día 34 — Susques a Salta (327 km)
Salames, mortadelas, jamones y quesos. Me declaro fan del fiambre argentino. En la tarde, entrando a una despensa, tuve que admitirle al señor que atendía que era un novato en lo que a fiambre se refiere. Me miró con cara de “no te preocupes” y comenzó a guiarme en toda la experiencia fiambrera.
—¿Qué tal mortadela? —me preguntó.
Por supuesto, lo que fuera que él recomendara, estaba en sus manos.
Mientras cortaba finas tajadas (“fetas”) de mortadela con la máquina, me preguntó de dónde era.
Le conté de dónde venía y del viaje que estaba haciendo en moto.
—¿Y vas solo? —me preguntó la señora que también estaba detrás del mostrador—. ¿No es peligroso?
Le dije que iba despacio y con cuidado, para que no se preocupara.
Luego de la mortadela, el señor siguió con el queso. No me preguntó qué tipo de queso, pero con su manera de actuar ya tenía mi confianza.
Traté de no conversarle mucho mientras cortaba con la máquina.
—¿Y tú de dónde eres? —le pregunté.
Tenía un acento que no parecía del todo argentino.
—¡De Siria! ¿No necesitan sirios en Colombia? —dijo mientras reía.
Llevaba más de 10 años en Argentina luego de mudarse a causa de la guerra.
Por último, me explicó las diferencias entre las opciones de salame que tenía. Terminé llevándome las fetas de mortadela, de queso y de salame, un pan largo y una botella de malbec. Ayer me había propuesto adentrarme en la gastronomía argentina y no privarme de probar todo lo que tuviera para ofrecer. Le agradecí al señor por su guía, y la señora me deseó mucha suerte en el viaje que me restaba.
El camino de hoy fue largo y curveado. Sin darme cuenta de que las largas distancias que había hecho los días anteriores habían sido en su mayoría por rutas rectas, la ruta de hoy se me hizo más extensa debido a las curvas.
De igual forma, era un trayecto que esperaba mucho, pues sabía que seguiría bajando en altura y que al final entraría al Valle de Lerma, donde dejaría atrás los paisajes áridos por paisajes más verdes.
La mayor parte del descenso la hice en la Cuesta de Lipán, una vía con numerosas curvas en U que descienden desde los 4180 metros de altura hasta los 2080 en menos de 60 kilómetros.
A medida que bajaba, iba sintiendo menos frío y las montañas se iban tornando más verdes. Árboles comenzaron a aparecer a los costados de la carretera, acompañados de arbustos con flores amarillas.
Llegué a Salta un poco antes de las 5 p. m., sin haber almorzado y con solo un par de empanadas argentinas pequeñas como desayuno. Después de acomodarme en el hospedaje y retirar dinero, solo tenía una cosa en mente: vamos en la búsqueda de fiambre.
Feliz noche,
Camilo Mazo
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
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