Abril 10, 2026 — Día 36 — Salta a San Miguel de Tucumán (308 km)
La ruta de hoy fue tanto fría como monótona. Me lo había dicho el dueño del hospedaje en Salta, aconsejándome de ir mejor por la vía hacia Cafayate, que era más escénica. Aun así, esta vía monótona era la que quería hoy. No solo era más rápida, sino que sabía que la vía por Cafayate la haría en el camino de regreso.
El cielo estuvo completamente nublado todo el día, haciendo el paisaje incluso más monótono. Solo se veía vegetación y campos planos. Son estos trayectos “aburridores” los que más me permiten pensar ininterrumpidamente. A veces me obligo a volver al momento presente y disfrutar el camino, por más mundano que parezca.
Hoy pensé en todas las personas que me he encontrado en el viaje. He conocido y conversado con motociclistas. Un español que compró una vieja moto en Bogotá para recorrer Suramérica. Su moto era del mismo cilindraje que la mía, por lo que pudimos intercambiar consejos y experiencias fácilmente.
Viajando en moto, tengo que tocar superficies sucias constantemente, terminando los días con uñas llenas de mugre. Hay días en los que, por más que me limpie las uñas, siempre queda algo de mugre imposible de quitar. Me preocupaba qué pensarían las otras personas, hasta que conocí a otros motociclistas, con unos gruesos aros negros alrededor de sus uñas, portando esa mugre como una especie de insignia de un trayecto bien recorrido.
Ayer conocí a un motociclista italo-colombiano. Había cruzado Suramérica en moto varias veces y, esta vez, iba en una Royal Enfield con placas colombianas. Me terminó contando del tiempo que vivió en Medellín, donde tenía una heladería en el centro comercial El Tesoro cuando apenas lo habían inaugurado. Incluso le tocó vivir el episodio del carro bomba en El Tesoro, por allá en 2001.
Conocí a una francesa a la que le preocupaba viajar sola como mujer, hasta que se lanzó y se dio cuenta de que hay muchas mujeres viajando solas, y de todas las edades. Conocí a una colombiana que, después de algún tiempo trabajando remoto en Colombia, se lanzó a trabajar desde otros países, sin querer dejar que se le pasara la vida sin hacer lo que soñaba.
El sirio de la despensa, dueños de hospedajes, incontables motociclistas en la vía a quienes saludo o con quienes converso en las fronteras y las gasolineras. Todas estas personas se van quedando en la memoria y van creando una red de ideas, actitudes y perspectivas que lo acompañan a uno durante el trayecto.
Fue un largo camino para llegar a San Miguel de Tucumán, donde pude pensar en todas estas interacciones. Luego de caminar por el centro, fui a comprar mi ya obligatorio fiambre argentino, además de un bife de chorizo en una carnicería para cocinar en el hospedaje.
Feliz noche desde Tucumán,
Camilo Mazo.
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
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