Abril 13, 2026 — Día 39 — Córdoba (23 km)
Había mucha gente caminando en el centro de Córdoba. Caminaban por las calles y se veían tranquilas, relajadas, sin afán de llegar a alguna parte, sin preocupaciones. ¿Por qué era esto tan raro para mí? Me hacía pensar en el centro de Medellín, donde uno siempre estaba alerta, atento a lo que pudiera pasar, con la guardia en alto. Por eso, aquí se sentía tan extraño ver a las personas tranquilas por el centro. Me hacía dar cuenta de que así es como debería ser.
Esta mañana salí a dar una vuelta en moto por el centro de Córdoba. Era una de las pocas veces en el viaje en las que podía dejar la mayor parte del equipamiento en el hospedaje y salir más ligero, sin tanto peso ni capas protectoras, solo unos jeans, un buzo ligero y el casco.
Córdoba es una ciudad con amplios parques y calles rodeadas de árboles. La Cañada, el encauzamiento en piedra del río que lleva el mismo nombre y que atraviesa el centro, está canalizada por tipas, grandes árboles que adornan el cauce.
Luego de hacer una especie de tour personalizado por el centro de la ciudad, paré en una esquina al lado de la iglesia de los Capuchinos para tomarme, coincidencialmente, un café y observar a las personas pasar.
Fue aquí donde noté la tranquilidad de las personas al caminar por la ciudad. Había personas de todas las edades cruzando las calles. En ninguna de ellas se veía preocupación ni afán. Por el contrario, parecían disfrutar el hecho de caminar por el centro. El clima estaba fresco, lo que también ayudaba.
En la tarde, dejé la moto en un parqueadero y continué caminando por la ciudad, pero también estaba sintiendo el cansancio de los últimos días. Ya estoy cerca de Buenos Aires, a tan solo dos días según lo planeado, y quizás el cuerpo lo sabe, por eso empieza a pedir descanso.
Han sido 40 días de recorrer. Recorrer el campo, los pueblos y las ciudades, de probar, conocer, fotografiar y escribir. También han sido días de estar alerta, de tener cuidado en las vías, de resolver situaciones, ya sea con la moto, el hospedaje o cualquier otra cosa que ha ido surgiendo. El cuerpo quizá ya siente todo eso y, al ver la meta tan cerca, comienza a querer relajarse.
Antes de terminar el día, fui al supermercado a comprar salame, queso y pan para mañana, y un bife de chorizo para cocinar en el hospedaje.
Feliz noche,
Camilo Mazo.
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
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