Mayo 8, 2026 — Día 64 — Humahuaca a Tupiza (255 km)
No podía irme de Argentina sin antes comprar mi último fiambre. En La Quiaca, la ciudad fronteriza con Bolivia, me reabastecí de los ítems más esenciales. Primero, gasolina. En una de las últimas estaciones de servicio de Argentina llené el tanque de la moto y también los 5 litros del contenedor de gasolina adicional que llevo conmigo. No sabía cómo iba a ser la situación de la gasolina en Bolivia, después de leer sobre escasez y dificultades para extranjeros al momento de comprar combustible, así que preferí entrar preparado.
Después siguió el fiambre. Fui a uno de los supermercados más grandes de La Quiaca y me aseguré de comprar las cosas que sabía que me harían falta: carnes curadas (bondiola y salame), dos tipos de queso, bizcochos dulces, dulce de leche y una botella de soda con dosificador. Lo único que me faltó fue pan fresco y unos buenos alfajores, productos que no tenían en ese momento.
Cargado con alimento para la moto y para mí, ya estaba preparado para lo que pudiera suceder en la frontera.
En realidad, el proceso fue bastante fácil. A veces uno lee historias de dificultades en la frontera y se imagina los peores escenarios. Es mejor tratar de ir con la mente abierta y sin predisponerse. Estacioné la moto a un costado de Migración al llegar a la frontera, y una guarda de seguridad muy amable me indicó las casillas que debía visitar: Migración Argentina, Aduana Argentina, Migración Boliviana y Aduana Boliviana. Todo transcurrió de manera sencilla y relativamente rápida.
Al final, lo único inusual fue que, para cruzar la última puerta hacia Bolivia, me pidieron 5 bolivianos. Les dije a las dos guardas de la puerta que no tenía moneda boliviana, y me dijeron que dejara la moto a un lado y fuera a una de las casas de cambio que estaban a unos metros de distancia.
En la casa de cambio había un señor en la entrada que comenzó a darme algunas recomendaciones para continuar mi camino. Entre ellas, me comentó que más al norte, en Oruro, había bloqueos en las vías, al parecer organizados por distintos grupos en protesta contra políticas del gobierno. Por el momento no tendría que preocuparme por eso, pues Oruro aún estaba a un par de días de distancia. Le di las gracias, fui a pagar en la puerta de la frontera y continué mi camino.
Después de tantas ansias, miedos y escenarios catastróficos, había cruzado la frontera sin dificultad y todo parecía lucir normal y seguro del lado boliviano.
Continué el trayecto y el paisaje permaneció prácticamente igual al lado argentino, excepto por la diferencia en la arquitectura. Después de recorrer 95 kilómetros desde la frontera, ya estaba en Tupiza, mi destino final del día.
Feliz noche,
Camilo Mazo
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
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