Mayo 2, 2026 — Día 58 — Chilecito a Belén (232 km)

“Qué bonito poder hacer ese viaje”.

Eso me decía un motociclista en la mañana, alojado en el mismo hospedaje, cuando le conté de la travesía que estaba haciendo.

Ese “ese” parecía tener una entonación de tristeza, como diciendo que, por cosas de la vida, él ya no tendría la oportunidad de emprender un viaje de este tipo.

Así comenzó la mañana en Chilecito. El cielo estaba nublado y gris. “Parece que va a llover”, dijo el motociclista antes de salir. Le respondí que en mi app del clima aparecía 0% de probabilidad de lluvia, algo en lo que quería creer con todas mis fuerzas. Apenas comencé a andar, un par de gotas cayeron en mi cara. “0% de probabilidad”, seguía repitiendo como un mantra. Después de ese par de gotas, no volví a percibir ningún rastro de lluvia.

La vía saliendo de Chilecito me llevó a la famosa Ruta 40, una de las más conocidas en Argentina por su larga extensión (5200 km de sur a norte) y por sus impactantes y diversos paisajes. No tenía ni idea de que iba a cruzar por esta ruta, y estaba contento de poder recorrerla, todo gracias a la decisión de ayer de haber tomado el camino hacia Chilecito en vez de la ciudad de La Rioja.

En la Ruta 40, con el paisaje de los áridos Andes a mi izquierda, comencé a encontrarme con caballos y jinetes en la vía. Primero uno, luego dos, luego tres. Cuando pude ver más adelante, toda la vía estaba bloqueada por caballos y jinetes.

Sin estar seguro de lo que estaba pasando, me acerqué poco a poco a la caravana. Llevaban sombreros y trajes tradicionales y parecían amables. Entre caballos, me fui abriendo paso, pasando a centímetros de algunos de ellos. Cuando por fin crucé la caravana, pude entender de qué se trataba. Uno de los líderes llevaba el estandarte: Peregrinando con San Santiago. Les pregunté si podía tomar una foto y terminaron felices saludando y deteniendo el paso para posar.

La Ruta 40 me llevó por paisajes y pueblos pintorescos hasta llegar a Belén, en la provincia de Catamarca. Aquí comencé a sentir el cansancio de los últimos días de viaje. Solo ayer recorrí más kilómetros de los que había hecho en cualquier otro día, 441 km.

Decidí detener el recorrido por el día, encontrar un hospedaje, descansar y hacerle un mantenimiento ligero a la moto. En la noche continué con la tradición de los últimos días: asar un trozo de bife de chorizo y acompañarlo con vino, el mismo torrontés de ayer.

Comiendo carne, tomando vino, en un pueblo remoto de Argentina, sobre la Ruta 40, habiendo llegado hasta aquí solo en una motocicleta. De estos momentos están hechos los sueños.

“Qué bonito poder hacer ese viaje”.

Feliz noche,

Camilo Mazo


Camilo Mazo

Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.

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