Mayo 9, 2026 — Día 65 — Tupiza a Uyuni (199 km)
La mañana comenzó fría en Tupiza. A las 6 a. m., la temperatura estaba a 1 °C. Con ese frío, preferí esperar un poco más a que el día se calentara. Ya a las 10 a. m., el sol había calentado lo suficiente como para salir más cómodo.
La ruta me llevó por altos picos de las montañas bolivianas, hasta los 4240 metros sobre el nivel del mar. En estos últimos días, creo que la altura me ha estado afectando. Me he sentido más cansado y con falta de aire al hacer mayor esfuerzo físico. Además, había fuertes contravientos que disminuían la velocidad a la que podía avanzar y aumentaban el esfuerzo requerido.
Aun así, estaba muy contento de estar viendo esos paisajes del altiplano boliviano. No había ni una sola estación de gasolina entre Tupiza y Uyuni, pero estaba preparado con el contenedor de gasolina extra por si acaso. Ni el frío ni el viento me impidieron admirar los paisajes tan desolados y áridos de la zona.
Después de una inclinada pendiente, comencé a oler gasolina. ¿Qué podría ser? No había ningún carro frente a mí, por lo que descarté esa posibilidad. Por un momento pensé que quizás se estaba regando el contenedor de gasolina, pero antes de detenerme pasó una moto en dirección contraria. El conductor me hizo una seña con la mano, como diciendo que redujera la velocidad.
Entendí por qué me hacía esa seña unos 100 metros más adelante. Un camión de gasolina se había accidentado y estaba volcado a un lado de la vía. Combustible parecía estar brotando del contenedor.
Había un tractor y varias personas ayudando en el accidente. No parecía haber ningún herido. Asustado de que quizás fuera peligroso estar muy cerca del accidente, traté de avanzar rápido, pero el tractor estaba bloqueando la vía. En un momento, el tractor me dio paso y logré distanciarme un poco antes de tomar una foto.
En Atocha, un pueblito en el camino hacia Uyuni, paré a recorrer un pequeño mercado callejero. Allí parecía ser el único extranjero. Caminando por la calle del mercado, con el traje de motociclista, me sentía como un astronauta en otro planeta.
Por el medio del pueblo cruzaba una línea de ferrocarril, pero en vez de un tren había un bus adaptado con rieles de tren. No parecía estar en funcionamiento hoy (si es que en algún momento), pero sería increíble poder recorrer la región en un bus-tren por las vías del ferrocarril.
Llegué a Uyuni en la tarde, cansado y con un poco de escepticismo. Uyuni es un pueblito que sirve como punto de partida para ver el Salar de Uyuni, pero como tal no podría decir que sea un pueblo atractivo. En las calles de tierra predominan las agencias de tours vendiendo distintos planes para recorrer el salar.
Finalmente llegué a mi hospedaje, queriendo descansar desde temprano para ver si puedo adaptarme más rápidamente a los destinos, cada vez de mayor altura, que están por venir.
Feliz noche,
Camilo Mazo
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
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