Mayo 31, 2026 — Día 87 — Ayacucho (Descanso)

No he visto peor tráfico en Perú que en Ayacucho, y eso ya es decir algo. Saliendo hoy camino a Quinua y regresando a la ciudad en la tarde, pude comprobarlo.

En muchas de las intersecciones de la ciudad no hay ni semáforos ni señalización clara sobre quién debe parar o ceder el paso. Naturalmente, uno creería que un conductor responsable se acercaría a la intersección despacio para evaluar si puede continuar o debe esperar. Sin embargo, lo que ocurre en realidad es que, en cada intersección, quien va más rápido, pita más fuerte y es más temerario termina cruzando primero. Esto, por supuesto, deja a las motos en desventaja, al estar más expuestas a un impacto. Aun así, se ve uno que otro atrevido cruzando las intersecciones como si no tuviera nada que perder.

Hay otras actitudes que me hacen desconfiar del tráfico en Ayacucho y, en Perú en general. Cuando el semáforo aún está en rojo pero está próximo a cambiar, algunos comienzan a pitar y a arrancar antes de que haya cambiado. Si estás en moto y no avanzas tan rápido como algunos carros, intentan apartarte de la vía a punta de bocina y aventándote el carro.

Ya en las afueras de la ciudad, pude relajarme un poco y conducir más tranquilo. Hoy fui a conocer el pueblo de Quinua, en las afueras de Ayacucho. Quinua es famoso por dos cosas: sus talleres de cerámica y porque, a solo unos kilómetros, se llevó a cabo la batalla de Ayacucho en 1824, enfrentamiento que aseguró la independencia de Perú y considerado el último gran combate de las guerras de independencia en Sudamérica.

Antes de regresar a Ayacucho, paré en un restaurante llamado Limacos para probar el puca picante, un guiso tradicional ayacuchano hecho con beterraga (que le da su característico color rojo), papa y maní tostado, acompañado de chicharrón de cerdo y arroz.

Hoy fue, más que todo, un día de descanso. En la tarde recorrí las calles de Ayacucho, siempre atento al caótico tráfico. En la plazoleta de Santo Domingo encontré un poco de la paz que estaba buscando para leer un rato y observar a las personas pasar y disfrutar de su domingo.

Incluso ahora, mientras escribo esto en la noche, escucho a través de mi ventana el incesante pitido de los carros.

Feliz noche,

Camilo Mazo


Camilo Mazo

Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.

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