Junio 3, 2026 — Día 90 — Huancayo a Huancaya (141 km)
Apaga el motor y solo disfruta del paisaje. Esa era la filosofía de hoy bajando por el cañón de Uchco. Disfruta de la tranquilidad, de la quebrada corriendo a tu derecha, luego a tu izquierda.
La ruta hoy comenzaba en Huancayo y terminaba, si todo salía bien, en Huancaya. No es ningún error ortográfico, el primero es la ciudad y el segundo es el diminuto pueblo en el valle del río Cañete, en los Andes centrales peruanos.
La mañana comienza temprano con una variedad de preparativos. Primero, lubrica y tensiona la cadena. Date cuenta de que te falta efectivo. Acércate a dos cajeros distintos en busca de uno que te quiera dar dinero. Recuerda que no has desayunado. Encuentra un puesto en la calle vendiendo sándwiches de palta, de tortilla y de lomo. Con todo eso chuleado, estás listo para salir.
La vía te lleva bordeando el río Cunas. Comienzas a ascender. Primero a los 3.500 metros sobre el nivel del mar. Luego 4.000, luego 4.500. Ya te estás acostumbrando a subir y bajar por los Andes a estas alturas del viaje. A los 4.700 metros, llegas a la laguna Cuncancocha, dentro de la Reserva Paisajística Nor Yauyos-Cochas.
Comienzas a bajar y a adentrarte en un cañón. Un pequeño nacimiento a tu derecha empieza a crecer hasta confluir con el río Cañete. Cada vez las paredes del cañón se hacen más altas, como edificios verticales a lado y lado. Aquí puedes apagar el motor. Deja que la pendiente te lleve, sin ningún otro sonido más que el viento en tus oídos y el chocar del río contra las piedras.
En Tinco Alis, tienes que volver a la realidad. Hay un cierre en la vía hacia Huancaya. No hay forma de pasar sino hasta las 5:30 p. m. No son ni las 2:00 p. m. Buscas rutas alternas, pero ninguna te convence. ¿Qué hay que hacer? Decides esperar.
En una tienda al frente del cierre venden almuerzos, pero no quieres arriesgarte. Pides una mazorca con queso y un café. El café te lo traen en una taza a rebosar, derramándose sobre el platillo. No es que le importe mucho al señor que te atiende.
El ambiente está muy tranquilo. Rodeado todavía por el cañón, se escucha el río, ya mucho más fuerte y salvaje que el que te seguía al comienzo del descenso. Se escucha también el fuerte y frío viento. Prefieres quedarte adentro de la tienda, donde está un poco más caliente, asomándote de vez en cuando hacia la calle para verificar que todo esté bien con la moto.
Empiezan a llegar más carros y motos a esperar que termine el cierre. Llega de repente un camión y frena enfrente de la tienda.
—¡Señora! ¿Tiene líquido de frenos? —grita desde la cabina.
El copiloto del camión se baja para averiguar.
—¡Rápido, que nos están esperando! —le grita el conductor al copiloto.
Compran un líquido de frenos y arrancan tan rápido como llegaron.
Ya hay tres carros, una volqueta y cuatro motos esperando la apertura.
Comienzas a preocuparte por la hora, por si vas a encontrar hospedaje y por el estado de la vía más adelante.
A las 5:10, abren el paso y comienzas a avanzar por la vía destapada. Todo se hace más fácil cuando empiezas a manejar. Esperando crecen las ansias, pero manejando a todo se le puede encontrar solución más fácilmente.
Quince kilómetros y cuarenta minutos después sobre vía destapada, llegaste a Huancaya. Ya está oscuro. Encuentras un hospedaje con parqueadero y precio aceptable. Lo lograste.
Otro día de paisajes inolvidables, que penetran el subconsciente para quedarse ahí grabados. Otro reto superado. Pero que no se te suba a la cabeza, aún queda mucho por recorrer.
Feliz noche,
Camilo Mazo
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
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