Junio 7, 2026 — Día 94 — Pativilca a Chiquián (159 km)

La niebla cubre el cielo en las afueras de Lima. Sobre las dunas, el sol intenta penetrar su densidad.

En Pativilca, un pueblo costero a 214 kilómetros de Lima, salgo tarde en la mañana, de nuevo rumbo a la sierra peruana. Anoche llegué a este pueblo desde Lima, cansado de luchar contra el tráfico para salir de la capital. Horas de congestión, semáforos, bocinas y un constante estado de hiperalerta.

Afortunadamente, en las afueras de Lima, conocí a otro motero en la vía y seguimos el resto del camino hacia Pativilca manejando juntos. Entre dos motos, se vuelve más fácil combatir el tráfico. Ambos nos ayudábamos a cambiar de carril y a evitar conductores peligrosos.

Ayer y esta mañana, el sol se escondía detrás de una densa capa de niebla. Se sentía bien volver al desierto y a las planicies de la costa. La moto, a esta altura, había recuperado su poder de aceleración.

Ese sentimiento tuvo que irse tan rápido como llegó. Debía adentrarme de nuevo en las montañas, con destino al glaciar Pastoruri.

Es un día para no avanzar mucho. El cuerpo está cansado después de varios días exigentes y no tiene la misma resistencia.

Subiendo por las laderas de áridas montañas, la niebla se va quedando atrás y el azul del cielo comienza a aparecer. Hoy es domingo de votaciones en Perú. Las calles y los caseríos del camino se sienten tranquilos.

En una tienda al borde de la carretera, me como una sandía fría y me dan a probar una lúcuma, una fruta que, aunque se encuentra en Colombia, no recuerdo haber probado antes. Sabía dulce y tenía una textura muy interesante, similar a la de un aguacate, pero más seca.

Luego de manejar un par de horas, tuve que reconocer que no alcanzaría a llegar al glaciar hoy. Llegué al pueblito de Chiquián, tranquilo y agradable, para pasar la noche aquí y continuar hacia el glaciar mañana.

Han sido días, semanas y meses de ritmos intensos, jornadas de viaje largas e infinidad de paisajes inolvidables. Estoy agradecido con mi cuerpo, que continúa entregando su fuerza y permanece dispuesto a enfrentar lo que sea que venga.

Ahora es momento de darle descanso y recuperar energías para el día de mañana.

Feliz noche,

Camilo Mazo


Camilo Mazo

Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.

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