Mayo 3, 2026 — Día 59 — Belén a Cafayate (255 km)

Los últimos días el viento había estado a mi favor, permitiéndome avanzar a la velocidad que quisiera sin mayor esfuerzo. Hoy no iba a ser uno de esos días.

El día comenzó soleado pero frío. Me despedí del personal del hospedaje y comencé la ruta. Al salir de Belén, comenzaron los fuertes vientos en mi contra. Mi celular mostraba que había ráfagas en la zona de hasta 22 kilómetros por hora.

Estas ráfagas impactaban la moto y me obligaban a ajustar el rumbo rápidamente para no desviarme. Si con el viento a favor podía llegar hasta los 100 km/h sin esfuerzo, ahora, por más que acelerara, no pasaba de los 60 km/h en algunos tramos.

De igual manera, hoy estaba de ánimo para lo que fuera. Si el viento iba a estar en mi contra, que intentara con todo lo que tuviera para detenerme.

Al llegar al tope de una colina, vi lo que el viento tenía preparado para mí: nubes de arena cubrían el paso adelante. No estando muy seguro de cómo iba a cruzar por esas nubes, aceleré lo más que me dejó el viento para enfrentarlas. Por suerte, se iban despejando a medida que avanzaba por la carretera. Hoy no iba a ser el día de enfrentamiento.

El viento también azotaba a los pueblitos por los que iba pasando. Las hojas otoñales volaban de un lado a otro mientras tanqueaba en una estación de gasolina y, solo para estar seguro, debía sostener la moto para que una ráfaga no fuera a tumbarla.

El camino me fue llevando por tierras áridas y desoladas, con uno que otro pueblito y viñedos en el medio. Llegué a Cafayate a las 2 p. m., uno de los pueblos con mayor producción de vino en la región. Llevaba ya una semana desde que salí de Buenos Aires, conduciendo todos los días sin parar. Ya era momento de una pausa, y Cafayate era el lugar perfecto: un pueblo tranquilo, con mucho vino y planes de naturaleza alrededor.

Di una vuelta por el pueblo para comprar algunas cosas, pero la mayoría de los comercios estaban cerrados por ser domingo de fin de puente. Por esto, regresé a mi hospedaje y le di fin a una larga pero satisfactoria semana de conducción.

Feliz noche,

Camilo Mazo


Camilo Mazo

Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.

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