Mayo 13, 2026 — Día 69 — Sucre (Descanso)

“¡Escalera!”, gritaba un trabajador en el cementerio de Sucre cuando alguien necesitaba el servicio. Cada vez que alguien necesitaba alcanzar uno de los nichos en los pabellones, salía apurado uno de los ayudantes cargando una escalera.

Para mí, una de las mejores formas de despejar la mente y recuperar perspectiva es visitar un cementerio, y el de Sucre era ideal para esto. No solo está mantenido en excelentes condiciones, también ofrece la oportunidad de ver los mausoleos de importantes familias e individuos de la historia boliviana, en especial empresarios mineros de plata como Francisco Argandoña y presidentes de Bolivia como Gregorio Pacheco.

En el cementerio, alejado de la bulla de la ciudad, la mayoría de mis pensamientos giran en torno a una sola idea: nada ni nadie es para siempre. Esa noción me ayuda a concentrarme en lo que realmente es importante y en aprovechar el tiempo que tenga en esta vida, sin importar lo corto o largo que sea.

Después de una seria pero importante mañana en el cementerio, era momento de balancearla con una tarde más… ligera.

En el mercado, les sonreían y llamaban a los comensales para ofrecerles sus jugos. Estaba en la sección de jugos, donde había varios puestos, todos atendidos por mujeres que llamaban a quien pasara. Ya había estado aquí ayer, pero hoy quería probar algo y someterme al llamado de cada uno de los puestos.

—¿Qué le preparo?

—¿Qué va a querer?

No es el único mercado en el que me ha pasado esto. De hecho, es bastante común en la mayoría de los mercados que he visitado en este viaje.

Generalmente, termino sentándome en el puesto donde no me llaman. Esta vez, fue en una de las fruteras del medio, donde una joven estaba más enfocada en sus preparaciones que en atraer clientes. Queriendo probar algo nuevo, pedí un jugo de tumbo, una fruta similar al maracuyá. Le dije que sin azúcar, pero me respondió que le iba a echar un poquito porque podía ser muy ácido.

—Está bien —le dije.

Desde el puesto de jugos podía ver a las personas pasar de una sección del mercado a otra. Estaba la sección de papas, la de carnes, la de tortas y muchas más. Fácilmente, este puede ser uno de mis mercados favoritos de todo el viaje. Era grande, pero relativamente organizado y limpio.

En el puesto contiguo, había un señor leyendo un periódico. Tomaba una especie de jugo con huevo, y la mujer que se lo había preparado seguía sirviéndole y sirviéndole de la licuadora. Al ver esto, le pregunté a mi tendedera si yo también tenía más en la licuadora.

—Sí, le decimos llapa.

—En Colombia le decimos ñapa —le respondí.

El resto de la tarde caminé por las calles de Sucre, tratando de absorber la vitalidad del ambiente y la esencia de los sucrenses. Luego de ver el atardecer en el mirador de La Recoleta, me senté un rato en la plaza principal para ver pasar a la gente y leer un poco antes de regresar al hospedaje.

Feliz noche desde Sucre,

Camilo Mazo


Camilo Mazo

Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.

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