Mayo 21, 2026 — Día 77 — Puno (Descanso)

El plan de hoy era conocer las islas Uros, uno de los mayores atractivos turísticos del lago Titicaca. Estas islas son un conjunto de superficies artificiales construidas a partir de una planta llamada totora, la cual crece y flota en el lago. Capas de totora son acomodadas una encima de la otra sobre las raíces de la planta, hasta crear una superficie esponjosa y seca donde habita la comunidad de los Uros.

Los Uros comenzaron a vivir en islas flotantes cuando el territorio en el que habitaban originalmente fue conquistado por los aimaras, otra comunidad indígena. Hoy en día, una parte de los Uros tiene como principal actividad económica la pesca y la caza de aves, mientras que otra parte vive principalmente del turismo.

Queriendo evitar tours organizados, llegué al puerto de Puno, donde podía encontrar transporte a las islas. Preguntando a varias personas que trabajaban en el puerto, cada una me daba información distinta sobre cómo podía llegar. Lo único que yo quería era encontrar un bote colectivo que simplemente me llevara a las islas y me trajera de regreso.

Luego de preguntar muchas veces, logré encontrar lo que parecían ser estos colectivos. Compré un tiquete de ida y vuelta y, después de media hora esperando a que se llenara el bote con unas 30 personas más o menos, salimos con destino a las islas artificiales.

Apenas arrancó el bote, el capitán comenzó a relatar la historia de las islas, su forma de construcción y otros datos curiosos sobre la comunidad de los Uros. No esperaba una introducción turística a las islas en un colectivo, pero no le presté mucha atención.

El bote avanzó lentamente por el lago Titicaca, adentrándose en un camino rodeado de totoras. Me senté en el techo del bote, al aire libre, donde se podía sentir el frío de la mañana. En el bote iban algunos turistas extranjeros, turistas locales y personas vestidas con atuendos tradicionales.

Después de una media hora en bote llegamos a las islas flotantes. Se podían ver botes hechos de totora pintados coloridamente, figuras de animales construidas en totora y, sobre todo, muchos letreros grandes que decían “Titicaca”.

Desembarcamos en una pequeña isla flotante, del tamaño aproximado de media cancha de fútbol, donde nos sentaron en círculo y comenzaron nuevamente a relatarnos la historia de los Uros y la forma de construcción de las islas. Al final de la charla, nos mostraron todas las artesanías que podíamos comprar y luego nos dirigieron a otro bote distinto, de esos coloridos hechos en totora, para ir a otra isla por un costo adicional.

Ya en este punto me había dado cuenta de que estaba en un tour organizado y que no iba a poder explorar las islas por mi cuenta. Le dije al encargado que no quería montarme en un segundo bote, pues ya había pagado el tiquete de ida y vuelta y no quería seguir siendo parte del tour.

Cuando le dije eso, el encargado me respondió que entonces tendría que esperar una hora en la isla, hasta que partiera el bote en el que había llegado. Le dije que no me importaba, y así se fueron todos los visitantes en el segundo bote mientras yo me quedé solo con la familia que habitaba la pequeña isla. No muy contentos con que no hiciera parte de sus tours adicionales, la familia se retiró a un costado de la isla y me dejaron solo para disfrutar de la tranquilidad y el panorama.

Fue en este momento cuando pude obtener parte de lo que deseaba. Pude caminar la isla solo, analizar e inspeccionar las múltiples capas de totora que formaban la isla flotante. En uno de los costados de la isla, lejos de las artesanías y los animales hechos en totora, pude ver cómo un señor de sombrero estaba en el proceso de construir una nueva isla flotante. De su bote iba sacando grandes bultos de totora, los cuales iba acomodando de forma que pudiera caminar sobre ellos sin mojarse.

Cuando arrancó el bote original en el que había llegado, me monté en él y me llevó a una segunda isla flotante, donde estaban todas las otras personas que se habían subido al segundo bote. Era una isla con un restaurante, donde la idea era que todos los que íbamos en el tour almorzáramos algo. Había vuelto al tour organizado. Esperé en una banca a la sombra hasta que llegó la hora de partir nuevamente hacia el puerto de Puno.

El camino de regreso se me hizo más largo que el de ida. Cansado y después de haber recibido mucho sol, una vez llegamos a Puno regresé al hospedaje para descansar y comer algo.

Así se acaba mi tiempo en el lago Titicaca. Mañana continuará el camino con destino a Cusco, adentrándome en la sierra peruana.

Feliz noche,

Camilo Mazo


Camilo Mazo

Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.

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