Mayo 22, 2026 — Día 78 — Puno a Sicuani (265 km)
Debí haber comprado un seguro obligatorio peruano hace dos días, cuando llegué a Puno. En vez de eso, lo postergué por querer encontrar el seguro de mejor precio y salir a conocer las Islas Uros.
Hoy, ya saliendo a las 8 de la mañana, la oficina de seguros en Puno estaba cerrada y no me contestaban el WhatsApp. Tendría que salir sin seguro y esperar a que me respondieran para comprarlo en línea. Trata de no pensar en eso y espera que no te paren, o peor…
Salí de Puno teniendo especial cuidado con la forma de manejar de los peruanos en general, algo con lo que ya tengo experiencia y también algo que no extrañaba.
La mañana estaba fría. Iba con guantes gruesos, una camiseta, una camisa, una chaqueta aislante, una chaqueta protectora y dos bufandas. Aun así, el frío comenzaba a colarse poco a poco por las extremidades y, con el día parcialmente nublado, no podía contar con el sol para darme algo de alivio.
Hice una primera parada al cabo de una hora en una estación de gasolina. Llené la moto sin problemas, aún recordando las dificultades en Bolivia. Me tomé un café para calentarme y continué el camino.
Crucé la ciudad de Juliaca en lo que parecía plena hora pico. Las motos, los mototaxis y los colectivos se colaban por todas partes en la vía, y cada vez sentía más urgencia de tener el seguro obligatorio en orden. Afortunadamente, en la vía principal encontré una cuadra llena de oficinas vendiendo SOAT.
Orillé la moto lo más que pude para que no fuera a ser arrasada por el tráfico y entré a la primera oficina que encontré. Noelia, la encargada, me invitó a sentarme, pero me preocupaba dejar la moto en la calle con tanto tráfico. Inmediatamente, ella le pidió a un vendedor de jugos que estaba afuera que le echara un ojo a la moto.
Luego de intentar varias veces gestionar el seguro, Noelia, frustrada, me dijo que el sistema estaba caído. Mi mente estaba más pendiente de revisar constantemente que la moto siguiera bien. Salí una última vez a revisarla antes de irme y le pedí un jugo de naranja al señor a quien habían encargado cuidar la moto.
“¡Ya funcionó!”, exclamó Noelia desde la oficina mientras yo estaba afuera terminando el jugo.
Con SOAT y con gasolina, salí de Juliaca camino a la siguiente ciudad: Lampa. Allí, en la plaza central de “la ciudad rosada”, conocida así por el color de sus fachadas, estaban en medio de una procesión. Parqué la moto en una esquina opuesta a donde estaba el desfile y me acerqué para tomar algunas fotos.
La procesión siguió avanzando por la plaza y se detuvo justo al lado de mi moto, donde el cura procedió a realizar una oración. Cuando terminó, comenzó a rociar agua bendita con su hisopo sobre los participantes, incluyendo mi moto entre las bendecidas.
Ahora sí, con SOAT y agua bendita, podía estar mucho más tranquilo durante el resto del camino.
Saliendo de Lampa, las nubes se tornaron grises y cayeron algunas gotas como amenaza de lluvia. Por suerte, la lluvia quedó en eso, unas cuantas gotas, y pude avanzar hacia mi último destino del día, Sicuani, a solo 140 km de Cusco.
Aun así, todavía me quedaba un último reto del día. La vía rumbo a Cusco ascendía hasta alcanzar los 4319 metros sobre el nivel del mar. Subiendo lentamente en mi moto, con un frío viento en contra, tenía que aceptar no poder superar los 80 kilómetros por hora. El clima se volvía cada vez más frío y aún existía el riesgo de cruzarme con una nube lluviosa, como algunas que se alcanzaban a ver en la distancia.
En La Raya, límite entre las regiones de Puno y Cusco, llegué al punto más alto del trayecto, donde fui recibido con un frío intenso y la vista del hermoso Nevado de Chimboya (primera foto).
De este punto en adelante, fueron 30 kilómetros de descenso hasta llegar a Sicuani. Cansado por el fuerte viento y con frío, busqué un hospedaje en la ciudad para finalizar el trayecto del día.
Desde Sicuani y con moto bendecida,
Feliz noche,
Camilo Mazo
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
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