Junio 21, 2026 — Día 108 — Quito a Tulcán (262 km)
Qué rápido se puede atravesar Ecuador cuando se tiene como meta llegar a la frontera. Saliendo de Quito, no había mucho nuevo que reportar. La mañana estaba soleada y cálida. Bien, iba a necesitar un buen clima si quería llegar hoy a Colombia.
La ruta era mayormente la misma que había tomado hace tres meses, cuando iba camino a Quito por primera vez. En aquel momento, cuando (como ahora lo veo) apenas comenzaba este largo viaje. Era el primer país que cruzaba en moto. A veces me preguntaba en qué me había metido. Llevaba conmigo la emoción de adentrarme en lo desconocido. ¿Me iba a quedar grande el viaje? No quería entretener esa inquietud.
Ahora, no quiero entrar mucho en la nostalgia. Aún tengo un camino por recorrer y, aunque parezca poco comparado con lo que ya he recorrido, quiero mantener el foco hasta el último momento.
Pasando por Ibarra, el clima se nubló y enfrió un poco. Comenzaron a aparecer algunas nubes lluviosas en la distancia. Tendría que volver a zigzaguear entre aguaceros y esperar que ninguno me alcanzara. En algunos momentos, aunque solo hubiera una pequeña nube descargando lluvia a lo lejos, mi mente se enfocaba en ella y me entraban los nervios. Parte de mí creía que la carretera me llevaría directo hacia la lluvia, y otra parte confiaba en que no me alcanzaría.
Al final me cansé de escanear el cielo en busca de tormentas. Si me alcanzaba una lluvia, pues me tenía que llover y punto. Después de todo el trayecto, solo me alcanzaron a caer un par de gotas.
Se acercaban las cuatro de la tarde cuando ya estaba llegando a la frontera de Rumichaca con Colombia. Si tenía suerte, podría pasar la frontera rápido y quizás alcanzaría a llegar a Pasto antes de que anocheciera.
Llegué al edificio de migración de Ecuador y parqueé mi moto enfrente, en el mismo lugar de hacía tres meses. Entré al puesto de migración y no encontré a nadie atendiendo en las ventanillas. Las luces estaban apagadas y tampoco había nadie haciendo fila.
Salí de nuevo a la calle y le pregunté al guarda de seguridad dónde podía hacer la salida de migración. Creo que era el mismo guarda que me había ayudado la última vez que estuve allí.
—La frontera está cerrada —me dijo, señalando las barreras ubicadas sobre el puente entre los dos países.
Parecía obvio que la frontera estaría cerrada por ser día de votación en Colombia. Obvio para muchos, pero no para mí.
Me quedé un momento caminando por la frontera. Lugares peculiares son las fronteras. Había militares, carros de policía, barreras, letreros, anuncios y, sobre todo, mucha calma. Un punto imaginario fuertemente vigilado que divide la tierra en dos.
Devolviéndome hacia Tulcán, la ciudad fronteriza ubicada a solo ocho kilómetros de Rumichaca, podía ver el río Guáitara y las montañas colombianas al otro lado. Creo que podría cruzar fácilmente ese río y llegar a Colombia, pero no sería tan sencillo. Primero tendría que seguir los pasos mágicos de los gobiernos para poder pasar de un lado a otro.
Tan cerca, pero tan lejos.
Feliz noche,
Camilo Mazo
Camilo Mazo es aventurero, fotógrafo y autor de Fukuoka to Naples. Ha viajado, trabajado y documentado culturas en Asia, Oceanía, Europa, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, explorando perspectivas de vida de distintas culturas a través de sus relatos y fotografías.
Esta pagina es apoyada 100% por la venta de libros.